Posteado por: ugalac | Julio 22, 2008

NOCIONES SOBRE LIBERALISMO

Cuando hablamos de Liberalismo hablamos de un concepto complejo, determinado por la época y la sociedad en que se origina, y modificado por el devenir histórico de las formaciones sociales a las que se fue aplicando.
En su formulación inicial, el Liberalismo no es aún la completa doctrina, filosófica, social, política y económica que pretende ser en la actualidad. Originada como reacción a la doctrina absolutista de las monarquías europeas, apunta fundamentalmente a establecer salvaguardias a la libertad personal frente al poder del Estado. Sus orígenes más remotos se encuentran entre los seguidores de Oliver Cromwell (Inglaterra, 1599-1658), quienes plantean una comunidad política compuesta de personas libres y racionales, que comparten una serie de derechos fundamentales, como la libertad de religión, de expresión, de asociación y de propiedad.
En una sociedad de este tipo, necesariamente el gobierno deberá organizarse sobre la base de un consentimiento libremente expresado por los gobernados; ya no puede ser más paternalista ni absoluto, como en las monarquías, sino que limitado por la ley para proteger los derechos individuales.
Esta formulación básica es posteriormente desarrollada por una serie de autores, que van delineando sus características actuales. A partir de 1789, con la aprobación de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica y la Revolución Francesa, los principios políticos del Liberalismo comienzan a ser aplicados al gobierno de las naciones. Dos principios fundamentales estructuran la doctrina política liberal: Que la soberanía reside en el pueblo y que existen un conjunto de derechos inherentes al Ser Humano.
En la Declaración de Independencia de los Estados Unidos ya se habían establecido los derechos individuales: todos los hombres tienen igual categoría ante el cuerpo político de la sociedad; todos poseen ciertos derechos inalienables, como el derecho a la vida, a la libertad y a alcanzar la felicidad. Existen, sin embargo, algunos derechos alienables, que permiten formar el gobierno: El derecho a regular las relaciones de los hombres entre sí, o entre ellos y el Estado. Se establece que la finalidad del gobierno es la protección de los derechos inalienables, y por lo mismo se reconoce el derecho a rebelarse contra un gobierno que no lo cumpla.
El liberalismo económico, por otra parte, surge en estrecha relación con el conjunto de principios políticos antes mencionado; al punto que se puede afirmar que el Estado liberal se caracteriza simultáneamente por el gobierno representativo, por la soberanía popular y por la economía capitalista. El Liberalismo económico plantea que el mayor crecimiento económico se logra con que cada individuo participe libremente en la actividad económica, buscando su propio beneficio personal; la “mano invisible” del mercado hará que este conjunto de impulsos egoístas se traduzca en un funcionamiento económico óptimo para el conjunto: “Cuando uno trabaja para sí mismo sirve a la sociedad con más eficacia que si trabaja para el interés social” afirma Adam Smith (Inglaterra, 1723-1790), a quien se considera el primer pensador en establecer las leyes del crecimiento económico liberal.
El mercado, por sí mismo, encontrará un punto de equilibrio que dará satisfacción a todos los participantes, sin necesidad de ningún tipo de intervención del Estado. El rol de éste se debe limitar a crear y mantener las condiciones que permitan el libre juego de la oferta y la demanda de bienes y servicios. En general, para los liberales, el Estado debería entregar seguridad a todos los ciudadanos, mantener el orden social y brindar justicia cuando éste se rompe de alguna forma.

LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DEL CONCEPTO.

La construcción de la historia del Liberalismo, como toda construcción histórica, estará determinada por la mirada de quien se aboque a esa tarea. Así también lo estará la definición de sus ámbitos y conceptos. Para algunos, la noción de Liberalismo es, ante todo, una moral individual, la moral que reúne libertad y responsabilidad en un solo conjunto de normas de vida; como corolario de su aplicación, el Liberalismo se desarrolla en una doctrina de la vida en sociedad. Para los sostenedores de esta posición, tanto el liberalismo económico como el político serían sólo una consecuencia lógica de la aplicación en esos ámbitos de este conjunto de normas morales.
Para otros estudiosos, por el contrario, el Liberalismo es la ideología que legitima y defiende los interese de los comerciantes y empresarios contra las exacciones y límites que le imponía una clase aristocrática que ellos consideraban improductiva e inútil. Sólo como resultado de su desarrollo en la lucha contra los defensores del orden feudal y absolutista, el Liberalismo habría comenzado a ampliar sus significados hasta incluir la moral individual y las relaciones sociales más allá de los campos específicamente políticos y económicos.
La prueba de esta afirmación, para los críticos del Liberalismo, es que éste se convirtió en la ideología de una sociedad tan desigual y estamentaria como el orden feudal, contra el cual se formó combatiendo; grandes comerciantes, industriales y financistas levantan la bandera de la libertad y la iniciativa privada para defender su derecho a explotar y oprimir amplios sectores de la población, que no cuentan más que con su fuerza de trabajo para sobrevivir en la sociedad. Cualquier intento de limitar sus privilegios lo consideran un atentado contra las libertades más fundamentales y la subversión de un orden que se estima óptimo, no sólo en los ámbitos político y económico, sino en todos los campos de la vida en sociedad.
Efectivamente, ya sea que estemos a favor de una u otra interpretación del Liberalismo, debemos reconocer que, en la actualidad, ya no es sólo una doctrina política o económica, sino que se amplifica como una filosofía social que abarca los más diversos ámbitos. En efecto, el principio de la libertad de acción y elección puede extenderse al conjunto de actuaciones individuales en la sociedad, tomando las más diversas formas. Por ejemplo, nada en la mentalidad liberal debería oponerse a la libertad de asociación colectiva, mientras la pertenencia a un grupo sea totalmente voluntaria, no signifique limitar la libertad de otras personas y no se limite el derecho a retirarse en el momento que cada persona así lo decida.

LA CONSTRUCCIÓN LIBERAL EN LA HISTORIA.

Como queda dicho, la idea liberal surge en Europa en momentos que el naciente sistema capitalista comienza a enfrentar las limitaciones que le impone el orden feudal; todo su desarrollo teórico y sus propuestas de ordenamiento social reflejan las condiciones concretas en que nace y comienza su desarrollo: Énfasis en las libertades individuales, ante un poder absoluto que abarca todos los ámbitos de la vida social; énfasis en el derecho de propiedad ante una monarquía que consideraba seres humanos y bienes indistintamente como parte de sus propiedades.
Llegado el momento de su aplicación histórica y concreta, el Liberalismo debió instalarse también sobre sociedades que no habían pasado por la experiencia feudal ni por la confrontación entre la nobleza y la burguesía. Es el caso de la sociedad estadounidense, en que diversos desarrollos teóricos nos muestran como una sociedad instalada prácticamente a partir de cero, en un territorio virgen de adversarios y de tradiciones. Evidentemente, por adversarios se entiende las viejas aristocracias europeas, sustentadas en sus riquezas acumuladas por siglos y el respaldo ideológico de la religión. La presencia de habitantes originarios a los que no se les reconoció ninguno de los más elementales derechos no es parte de este análisis.
Es también el caso de las sociedades latinoamericanas, en particular de la chilena, con posterioridad a la independencia de España. En este caso diferentes escuelas historiográficas se confrontan, desde las que explican la separación de España como un proceso de independencia, hasta aquellas que la reducen a una especie de conflicto interno o guerra civil entre diferentes sectores de una misma sociedad hispánica. Sin embargo, todas ellas coinciden en la descripción de la relativa homogeneidad de las elites que se apropiaron del poder ante la retirada (o la derrota) del poder español.
En Chile, como en los Estados Unidos, la república no se constituye en la lucha entre nobles monarquistas y burgueses liberales, sino que se constituye a partir de una elite dominante, “un solo grupo social dividido por diferentes percepciones en el plano político” , que adopta el liberalismo como filosofía de constitución y legitimación de su poder. En Chile no existía, en la época de la independencia y las décadas posteriores, una burguesía industrial en oposición a una aristocracia tradicional; el sector más poderoso de la elite nacional era el de los terratenientes, apegados a la tierra y a los valores que esta propicia, aunque acumulen su riqueza principalmente en el comercio regional. Incluso más tarde, cuando se formen fortunas basadas en la industria o la minería, los valores de sus dueños serán los de esta aristocracia y la más cara aspiración de estos poderosos será adquirir tierras y asimilar su forma de vida al tradicional modo señorial.
Pero incluso los sectores más conservadores de la sociedad chilena, reacios a romper con la Corona española y católicos observantes, no pueden oponerse a la aplicación de los principios liberales en la conformación del nuevo estado. Aunque sólo sea porque les proporciona una serie de herramientas útiles para oponerse a la autoridad de la monarquía, deben aceptar la difusión de ideas que no les agradan, como la igualdad ante la ley y la libertad de pensamiento y de expresión. El proceso de construcción del nuevo Estado no transcurre sin incidentes, pero la discusión política en Chile entre pipiolos y pelucones nunca cuestiona los principios centrales del Liberalismo, el estado republicano, el derecho de propiedad y las libertades individuales. Libertades limitadas, por supuesto, al igual que en el caso de los Estados Unidos, a los descendientes de europeos, ignorando totalmente los derechos de las sociedades originarias del continente.


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