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Nov
07

EL PODER Y EL TERRITORIO.

I. VER Y CONOCER.

“Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos”.
(Antoine de Saint Exupéry)

Generaciones de niños aprendieron que esta frase de “El Principito” era un llamado a dejar atrás el mundo de lo material y las apariencias, para elevarse a un mundo etéreo y espiritual, supuestamente más puro; algunos se emocionaron hasta las lágrimas con la romántica idea, otros pronto la desecharon por cursi.

 

Pocos llegaron a ver en ella una forma de mirar al mundo que puede alterar nuestra comprensión de la realidad y de las ciencias que la estudian. Evidentemente, para la Ciencia, como para cualquier persona razonable, lo esencial era todo aquello que podía ser medido, pesado, cuantificado de alguna manera; si no era directamente visible para los ojos, lo sería a través de los poderosos instrumentos que la tecnología iría creando. La Razón debería ser la única guía de las acciones humanas; el corazón sería sólo un órgano y no habría lugar en él ni en la Ciencia para los sentimientos, las esperanzas, las pasiones. Sin embargo, la más simple mirada a nuestro alrededor, nos permite comprender que pocas veces el ser humano toma decisiones basado solamente en la Razón; peor, cuando cree hacerlo, los resultados suelen ser monstruosos. Son los sentimientos los que con más frecuencia dirigen sus actos, y son estos actos los que configuran el mundo y la historia.

 

Otros pensadores, sin la capacidad literaria del piloto francés, plantearon lo mismo de otra manera: Dijeron que, a la teoría, ciertamente pura, que explica el origen y predice el desarrollo de los fenómenos de la realidad, y al método, fríamente objetivo, que le permite llegar a esos resultados, se le debe sumar un tercer factor, que teñirá irremediablemente de humanidad todo el conocimiento: el punto de vista del observador. No hay observador humano capaz de dar cuenta de todos los aspectos que influyen en cualquier fenómeno, ni tendría vida suficiente para describirlos: Él sólo puede decirnos lo que él ve.

 

Sin embargo, lo verdaderamente importante, lo esencial, nos diría Saint Exupéry, no es necesariamente lo que está ante nuestros ojos. Por supuesto, lo que puede ser visto y cuantificado es, sí, una parte de la realidad, que llegará a ser conocida por cualquiera que cuente con los instrumentos necesarios; Pero lo esencial del conocimiento proviene de la elección e interpretación que el observador hace de los datos que sus sentidos o sus instrumentos recogen, interpretación que estará impregnada, en mayor o menor grado, por su propia subjetividad, por sus expectativas, sus temores, sus intereses y afectos: Por su corazón.

II. GEOGRAFÍA Y TERRITORIO.

“El geógrafo no puede estar de acá para allá contando las ciudades, los ríos, las montañas, los océanos y los desiertos; es demasiado importante para deambular por ahí. Se queda en su despacho y allí recibe a los exploradores. Les interroga y toma nota de sus informes. Si los informes de alguno de ellos le parecen interesantes, manda hacer una investigación sobre la moralidad del explorador”.
(Antoine de Saint Exupéry)

Uno de los campos científicos donde con más claridad se aprecia la influencia de la subjetividad del observador, es en la Geografía. Que hayamos nacido en Pelarco o en Tiraspol, el lugar del planeta en que hayamos nacido, y la forma en que somos integrados a la sociedad que allí se desarrolla, marcará para siempre nuestra existencia, así como nuestra imagen del mundo.

 

Pero, una vez más, no es sólo lo que vemos lo que condiciona nuestra percepción, no es sólo el paisaje, que puede ir cambiando con el paso del tiempo: Bosques son talados, montañas horadadas para explotar minerales, edificios y caminos nuevos se construyen o reemplazan a los antiguos Las marcas de la actividad humana se integran de tal manera al paisaje que las Naciones Unidas, a través de la UNESCO, han establecido un vínculo entre la protección del paisaje natural, impulsada por los ambientalistas y la protección del paisaje cultural, compuesto por los monumentos y construcciones que en él se han ido instalando.

 

Pero no sólo el paisaje natural y el paisaje cultural componen el medio ambiente que nos rodea; También el conjunto de relaciones sociales que en él se producen va marcando nuestra percepción: La escuela donde estudiamos, el taller u oficina donde trabajamos, el refugio de nuestros ocios o diversiones y, sobre todo, las personas con quienes los compartimos y los vínculos que con ellas establecemos.

 

Es así como una colectividad conoce y comprende el lugar donde reside, así es como lo constituye en su territorio. Pero salvo escasas excepciones, hace mucho tiempo que la especie humana dejó de vivir en pequeñas comunidades aisladas. Muy pronto se establecieron reinos, imperios, extensos estados, hasta la época actual, en que hablamos de un sistema-mundo, que impone a todo el planeta y sus habitantes un sólo modelo de explotación económica.

 

Este proceso no obedece a algún determinismo social o geográfico; desde muy antiguo, se formaron al interior de las sociedades humanas grupos diferenciados: Algunos miembros de ellas se apropiaron de los excedentes acumulados y de los medios de producir la riqueza; otros se vieron obligados a trabajar para ellos con el fin de obtener los medios necesarios a su subsistencia. Quienes se apropiaron de la riqueza organizaron también la sociedad de manera de, en un primer momento proteger sus intereses, más tarde justificar ese orden de cosas y ganar la adhesión o el sometimiento más o menos voluntario de la mayoría.

 

Estos grupos de poder toman sobre sí la autoridad para delimitar los espacios geográficos y las formas de organización de la sociedad. El territorio se estructura básicamente con la finalidad de optimizar su aprovechamiento económico y, secundariamente, defenderlo contra otros grupos, de dentro o fuera de sus fronteras, que pretendan ocuparlo.

III. REGIONALIZACIÓN DICTATORIAL.

“ Sólo hay que pedir a cada uno, lo que cada uno puede dar -continuó el rey. La autoridad se apoya antes que nada en la razón. (…)
Yo tengo derecho a exigir obediencia, porque mis órdenes son razonables”.
(Antoine de Saint Exupéry)

En el caso chileno, la división político-administrativa del país establecida por la Constitución de 1925 contemplaba una serie de mecanismos de descentralización y desarrollo local, que nunca se implementaron en su totalidad. Aún así, una de las primeras grandes tareas que se propuso el régimen militar-empresarial fue la reorganización de estas estructuras, instalando el concepto de Regiones y Administración Regional.

 

Sería conveniente hacer un acápite sobre el uso, a nuestro parecer arbitrario, que los militares hacen del concepto de “Región” para cada una de las grandes divisiones administrativas del país. En Geografía, el concepto reenvía a las propuestas de Paul Vidal De La Blache en sus estudios sobre la región del Mediterráneo; en ellas se refiere a un espacio geográfico común, que permite dar unidad y sentido a los fenómenos históricos y sociales que en él ocurren, vinculando la larga duración con las sucesivas coyunturas.

 

Por las características históricas y geográficas de nuestro país, esas regiones serian de fácil delimitación: Árido desierto en el norte, valle central agrícola, bosques fríos y lluviosos en el sur. Podríamos diferenciar el litoral como poseedor de características propias, o definir zonas por otras características comunes: Zonas mineras, agrícolas o forestales. Aunque con más exactitud debería recurrirse a la historia local, a los acontecimientos de la larga duración y las diversas coyunturas, que nos permitan establecer criterios de unidad histórica y geográfica para definir las posibles regiones.

 

La propuesta militar, sin embargo, no tuvo en cuenta estos detalles teóricos, optando por llamar regiones a divisiones menores del territorio, basados en argumentos más influidos por el manejo administrativo, la explotación económica y el control policial de la población:

 

“a) La búsqueda de un mayor equilibrio entre el aprovechamiento del potencial de recursos naturales, la distribución geográfica de la población y la seguridad nacional”.
b) Brindar a la población la posibilidad de participar en la definición de su propio destino, contribuyendo y comprometiéndose, además, con los objetivos superiores de la región y el país”.
c) Dar a los habitantes de las regiones una “igualdad de oportunidades” para alcanzar los beneficios que entregará el proceso de desarrollo postulado por la H. Junta de Gobierno.
2.- La necesidad de contar con un equilibrio fronterizo bien definido (…) y los objetivos que define la propia seguridad nacional. De hecho, atentan contra la seguridad nacional: La generación de “espacios vacíos” dentro del territorio nacional; la existencia de bolsones o áreas de bajo desarrollo relativo; el desaprovechamiento de los recursos en determinadas regiones; la excesiva migración rural-urbana que crea alrededor de las metrópolis cinturones de poblaciones marginales, en que proliferan conciudadanos frustrados, inadaptados y proclives a la delincuencia y a la subversión” .

Con el tiempo, iría quedando más claro cuáles eran las motivaciones centrales del esfuerzo de reestructuración del Estado iniciado por los militares; ya en 1978 se publica un a evaluación del proceso de Regionalización, en que se dice, como para reafirmar sus objetivos:

“ A comienzos del actual gobierno se detectó la necesidad de proceder a reestructurarla división político-administrativa del país, con el doble objetivo de desconcentrar y descentralizar la gestión de administración y Gobierno Interior, llevada adelante por muchos años.
Analizando en perspectiva la evolución histórica de los aspectos político-administrativos, es preciso concluir que ella correspondió tanto a la institucionalidad vigente, como al esquema de desarrollo económico y social adoptado por nuestro país a partir de la década de 1920-1930.
Vistas así las cosas, resultaba evidente proceder a reformular la concepción de la estructura político-administrativa existente, de modo que ella sirva tanto al modelo de desarrollo implementado a partir de septiembre de 1973, como a la futura institucionalidad en que se desenvolverá Chile” . (cursivas nuestras)

En una evaluación realizada trece años más tarde , los argumentos militares y de seguridad ya desaparecen completamente, dejando sólo los referidos a la administración política y al aprovechamiento económico: El centralismo y la “hipertrofia” del aparato estatal y la creación de las “condiciones necesarias para lograr el desarrollo integral de cada región a través del aprovechamiento de sus potencialidades y recursos naturales” . Obviamente, quien logrará ese aprovechamiento es quien tenga el capital, o la capacidad de canalizar inversiones, para sacar partido de la presencia de capacidades humanas y recursos naturales en un punto determinado del territorio nacional; poco importará, en la época de la globalización, si esto tiene alguna relación con el resto del país o con algún proyecto nacional coherente.

 

Aunque se repiten en cada ocasión las afirmaciones acerca de la “desconcentración del poder y la administración, posibilitando una verdadera participación de la comunidad organizada” , revalidando lo sostenido en el primer documento, acerca de la necesidad de “Brindar a la población la posibilidad de participar en la definición de su propio destino”, sabemos el valor que podían tener estas afirmaciones en esos momentos, proviniendo de una dictadura que había eliminado con la mayor crueldad las organizaciones, y personas, que intentaran levantar una opinión diferente a la autorizada por los dueños del poder y las riquezas.

 

Sin embargo, es significativo que éste argumento deba ser considerado y se conserve en ambos documentos, aunque esté en brutal contraste con la realidad política de la época. Porque ése es el punto central de cualquier ordenamiento o reforma administrativa de un Estado, el único que puede tener sentido para la gente común, que debe adecuar su cotidiano a esas normas: El cambiar la relación entre la gente y las organizaciones existentes en el nivel local y las instituciones de gobierno nacional.

 

Así también lo reconocen los gobiernos de la Concertación, herederos y continuadores de las políticas dictatoriales en el área; en un documento del año 2000, que pretende ser un resumen del largo proceso de descentralización estatal en Chile, se comienza definiendo que “Una de las esferas de la reforma del Estado radica en el estrechamiento de la asociación entre el Estado y la sociedad civil, y una redistribución de las responsabilidades y tareas entre ambos, viabilizada por acuerdos y decisiones participativas”. Ese mismo enfoque, de la regionalización como una herramienta para impulsar la participación de la comunidad local, se puede encontrar en los fundamentos de la modificación hecha a la estructura heredada de la dictadura, con la creación de dos nuevas regiones:

“La nueva región, (De los Ríos, N. del A.) dotada de institucionalidad y de recursos propios y de adecuadas instancias de participación regional, podrá optimizar u nivel de desarrollo sobre la base de soluciones surgidas de su propia comunidad” .

“La creación de la región (De Arica, N del A.) facilitará el diseño e implementación de las estrategias para la solución de la problemática que las afecta en función de las características enunciadas, generadas e impulsadas por su propia comunidad” .

Quienes son los diversos componentes de cada una de esas comunidades, y a través de qué mecanismos puede cada uno participar en las decisiones, es algo que habría que averiguar en forma independiente, ya que la documentación oficial no entra en esos detalles. Para el legislador, pareciera que existe un diálogo fluido entre la “comunidad” local y el Estado central. Incluso, en el caso de Arica, la reforma se justifica porque es la propia “comunidad” la que pide la creación de la nueva Región:

“Desde que se implementó la actual división regional, la provincia de Arica ha reclamado porque se le reconozca una regionalización propia, basada en argumentos económicos, demográficos, territoriales, históricos e institucionales. Los cuales, a su vez, tienen respaldo en las peculiares características de su territorio (Condición bi-fronteriza, distancia a los centros de decisión política y población de origen étnico-cultural distinta a la del resto del territorio nacional).

IV. VOX POPULI, VOX DEI

Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.
La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
(Salvador Allende).

 

A estas alturas de nuestra reflexión parece conveniente dirigirnos, por fin, a esas misteriosas “comunidades” que tan fluidamente parecen dialogar con el Estado, que tan de acuerdo parecen estar con la organización territorial y administrativa que se les impone. Pero, ¿Adónde, y en qué momento, podremos oír su voz sin intérpretes ni mediadores? ¿Ha habido, en la historia de Chile, momentos en que los residentes en cada territorio hablaran con su propia voz, para sí mismos y para quien quisiera oírlos? Y si eso ocurrió en algún momento, ¿Será que, en esas circunstancias, el pueblo se preocupó justamente del problema de la organización territorial y la descentralización del Estado, antes que de otros problemas que podrían parecernos más urgentes?

Tomaremos un ejemplo de la historia reciente. Observemos lo que ocurre el 26 de julio de 1972, a poco más de un año del ascenso al gobierno de Salvador Allende, en la Universidad de Concepción. Ahí, cinco mil personas respondieron al llamado de 149 organizaciones populares de la provincia, encabezadas por la CUT Provincial, el Comando Provincial de Pobladores, el Consejo Provincial Campesino, la Federación Provincial de Estudiantes y la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción, participando en una “Asamblea del Pueblo para denunciar el carácter contra-revolucionario del Parlamento”. Contaban con el respaldo de cinco organizaciones políticas, el MIR, PS, MAPU, IC y PR, que poco antes habían suscrito una declaración conjunta. En su acuerdo final se planteaba la necesidad de la “creación por la base de los Consejos Comunales de Trabajadores en el campo y en la ciudad”.

¿En qué consistían esos Consejos Comunales?. Un periódico de la época los describe así:

“se organizan convocando a los sindicatos industriales y campesinos, a los profesionales y asociaciones de empleados, a los centros de alumnos y federaciones de estudiantes, a los partidos políticos de izquierda, a todos los trabajadores organizados para que en cada comuna, sector o localidad se unan para luchar en conjunto, reuniéndose en el Comité Coordinador”.

Los partidarios de esta nueva forma de organización describían así sus objetivos: “La organización de los trabajadores para el ejercicio del poder en la comuna, (cursivas nuestras) desplazando de una vez por todas a los politiqueros de la derecha, a los patrones explotadores y a los burócratas insensibles” .

Los sectores menos radicalizados de la coalición de Gobierno se opusieron con fuerza a este nuevo tipo de organización, llegando a declarar que “la situación producida no puede continuar, que esto ayuda a los enemigos del Gobierno, justamente regocijados por lo que ocurre”. Y que la decisión de esas organizaciones populares era nada menos que una “expresión de la contrarrevolución” .

Pero en momentos de convulsión política, como aquellos, son los propios hechos los que van definiendo quién está en un campo y quien está en otro. En octubre, la derecha y el empresariado impulsan un paro del comercio y el transporte, con apoyo de los sindicatos del cobre y grupos armados que realizan acciones de sabotaje a los servicios públicos. El gobierno de la Unidad Popular respondió incorporando algunos generales en el gabinete del presidente Allende; las organizaciones populares y de trabajadores del país , por su parte, impulsan la organización de más de un centenar de Cordones Industriales, Comités Coordinadores y Comandos Comunales a lo largo del país.

Para algunos, criados en la tradición leninista de un proletariado industrial vanguardia de un proceso nacional de revolución, era evidente la primacía de los Cordones Industriales. Pero las características propias de la lucha en esos momentos dio un gran protagonismo a otros sectores sociales y a otras luchas: el movimiento de pobladores sin casa y ocupantes ilegales de terrenos “tomados”, jóvenes y mujeres no ligados a la producción, obreros agrícolas y campesinos, habían avanzado en la constitución de organizaciones comunales y provinciales basadas en la vivienda y el mejoramiento de las condiciones de vida: Organización interna de los campamentos, Comités de Sin Casa, Juntas de Abastecimiento y Precios, luchas por la urbanización de los terrenos ocupados, luchas estudiantiles, etc.

La necesidad de mantener funcionando la producción, los transportes, el comercio y las instituciones del Estado en medio del paro y el boicot promovido por las fuerzas conservadoras, aceleró el proceso de organización y convergencia de esas diversas organizaciones populares, que culminó con la creación, el 23 de mayo de 1973, del primer Comando Comunal, a partir de una convocatoria del Cordón Cerrillos, en la capital. A partir de allí quedó claro el modelo de organización territorial y el proyecto político al que aspiraba el pueblo: La organización del Poder Popular a partir de la comuna.

Este proceso no estuvo exento de polémicas acerca del alcance que debería tener. Algunos sectores de la izquierda y del gobierno lo aceptaban como un hecho consumado, y trataban de integrarlo de alguna forma a la institucionalidad aún vigente, como un nuevo mecanismo de participación de grupos sociales postergados, en una estructura estatal que se había construido sin ellos. Otros, no sólo sus impulsores y partidarios, sino también la derecha política y el empresariado, veían claramente en esta naciente organización el germen de un nuevo poder, dispuesto a estructurar una nueva forma de Estado, una nueva relación entre sus clases y sectores, a partir de una reorganización desde abajo del territorio y de las relaciones que en él se construyen.

Si las diferencias entre los partidos y organizaciones populares nacían de una diferencia de apreciación de la correlación de fuerzas del momento, o si ya existían dos líneas políticas divergentes en relación al futuro del proceso revolucionario, es una polémica que aún hoy divide dolorosamente a la izquierda chilena. Lo que no se puede decir es que, el acento puesto en la idea de una reestructuración del aparato administrativo y político del Estado, haya sido ajena a los objetivos primarios y declarados del proceso abierto con la elección a la presidencia de Salvador Allende. Podríamos citar, como lo hicieran, en carta abierta al Presidente de la República el 5 de Septiembre de 1973, la Coordinadora Provincial de Cordones Industriales de Santiago, el Comando Provincial de Abastecimiento Directo y el Frente Único de Trabajadores en Conflicto:

«…Curiosamente, el Capítulo primero del Programa de la Unidad Popular se titula Poder Popular”,
Citamos: Página 14 del programa:
“Las fuerzas populares y revolucionarias no se han unido para luchar por la simple sustitución de un Presidente de la República por otro, ni para reemplazar a un partido por otros en el Gobierno, sino para llevar a cabo los cambios de fondo que la situación nacional exige, sobre la base del traspaso del poder de los antiguos grupos dominantes a los trabajadores, al campesinado y sectores progresistas de las capas medias”
“Transformar las actuales instituciones del Estado donde los trabajadores y el pueblo tengan el real ejercicio del poder”
“El Gobierno popular asentará esencialmente su fuerza y autoridad en el apoyo que le brinde el pueblo organizado”
“A través de una movilización de masas se constituirá desde las bases la nueva estructura del poder” (Página 15)
Se habla de un programa de una nueva Constitución Política, de una Cámara Única, de la Asamblea del Pueblo, de un Tribunal Supremo con miembros asignados por la Asamblea del Pueblo.

Compañero Allende, si no le indicáramos que estas frases son citas del programa de la Unidad Popular, que era un programa mínimo para la clase, en este momento se nos diría que este es el lenguaje “ultra” de los cordones industriales.
Pero nosotros preguntamos, ¿dónde está el nuevo Estado? ¿La nueva Constitución Política, la Cámara Única, la Asamblea Popular, los Tribunales Supremos?…»

V. A MODO DE CONCLUSIÓN PROVISORIA.

La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para los que viajan, las estrellas son guías; para otros sólo son pequeñas lucecitas. Para los sabios las estrellas son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas se callan…
(Antoine de Saint Exupéry)

Aún hoy, los militares y sus mandantes civiles continúan considerando que la reorganización del territorio y el Estado que ellos impusieron fue un éxito, la base para el desarrollo del país, que ellos se atribuyen. Quienes asumieron posteriormente la continuidad y administración de esa estructura política, han introducido correcciones menores a las medidas de regionalización y descentralización y también, curiosamente, consideran un éxito su gestión: “La percepción general de los avances en materia de descentralización, da cuenta de un proceso con avances sustanciales, sin traumas, donde el avance ha sido selectivo y gradual, y donde se han tenido muchas iniciativas sin un modelo de descentralización y una conducción y liderazgo del proceso global” .

Avances sustanciales, con modelo y liderazgo indiscutible en tiempos de dictadura, avances sin modelo ni liderazgo en tiempos más actuales. Sin embargo, el mismo documento nos dice un poco más allá: “En general existe la percepción de una participación ciudadana muy precaria en nuestro país, donde existiría una demanda insatisfecha por participar en las decisiones” .

 

O sea, todas las medidas tomadas, supuestamente para impulsar y garantizar la participación más democrática de los ciudadanos y para, incluso, devolver o entregar poder a las comunidades locales, han tenido completo éxito; aún así, treinta y tres años después los ciudadanos parecen no sentirse integrados ni participando.

 

Pero hemos visto lo que sucede cuando los ciudadanos se toman la palabra y el territorio para ordenarlo, participando intensa y masivamente en todos los niveles de la sociedad. No vamos a exagerar, atribuyendo al proyecto del Poder Popular la única ni la principal responsabilidad en el golpe militar impulsado por los empresarios, pero esa breve experiencia nos indica algo: Lo que cada uno entiende por descentralización o participación es completamente diferente.

 

Es posible que la descentralización sea un éxito, al mismo tiempo que los indicadores de participación ciudadana siguen siendo pésimos, porque los objetivos centrales de los descentralizadores sí se han alcanzado. La nueva estructura administrativa sirve “tanto al modelo de desarrollo implementado a partir de septiembre de 1973, como a la futura institucionalidad…” , como se propusieron los golpistas, avanzando ”en el estrechamiento de la asociación entre el Estado y la sociedad civil”, y en la “redistribución de las responsabilidades y tareas entre ambos”, como se proponen sus continuadores. Entre esas responsabilidades y tareas no estaba la de tomar decisiones colectivas sobre el futuro del país.


1 Respuesta a “EL PODER Y EL TERRITORIO.”


  1. Diciembre 21, 2007 a las 8:57 pm

    Estoy reflexionando y buscando en el tema de la Geografía Subjetiva, la que llevamos internalizada, que portamos al exilio, que buscamos en los paisajes ajenos , que nos ancla al lugar físico donde nacimos….

    Este espacio virtual lo incorporo hoy a mi geografía, a mi memoria, a mis afectos.

    Gran saludo
    Adriana


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