Archivos para Noviembre 2007

14
Nov
07

EL PODER Y EL TERRITORIO.

I. VER Y CONOCER.

“Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos”.
(Antoine de Saint Exupéry)

Generaciones de niños aprendieron que esta frase de “El Principito” era un llamado a dejar atrás el mundo de lo material y las apariencias, para elevarse a un mundo etéreo y espiritual, supuestamente más puro; algunos se emocionaron hasta las lágrimas con la romántica idea, otros pronto la desecharon por cursi.

 

Pocos llegaron a ver en ella una forma de mirar al mundo que puede alterar nuestra comprensión de la realidad y de las ciencias que la estudian. Evidentemente, para la Ciencia, como para cualquier persona razonable, lo esencial era todo aquello que podía ser medido, pesado, cuantificado de alguna manera; si no era directamente visible para los ojos, lo sería a través de los poderosos instrumentos que la tecnología iría creando. La Razón debería ser la única guía de las acciones humanas; el corazón sería sólo un órgano y no habría lugar en él ni en la Ciencia para los sentimientos, las esperanzas, las pasiones. Sin embargo, la más simple mirada a nuestro alrededor, nos permite comprender que pocas veces el ser humano toma decisiones basado solamente en la Razón; peor, cuando cree hacerlo, los resultados suelen ser monstruosos. Son los sentimientos los que con más frecuencia dirigen sus actos, y son estos actos los que configuran el mundo y la historia.

 

Otros pensadores, sin la capacidad literaria del piloto francés, plantearon lo mismo de otra manera: Dijeron que, a la teoría, ciertamente pura, que explica el origen y predice el desarrollo de los fenómenos de la realidad, y al método, fríamente objetivo, que le permite llegar a esos resultados, se le debe sumar un tercer factor, que teñirá irremediablemente de humanidad todo el conocimiento: el punto de vista del observador. No hay observador humano capaz de dar cuenta de todos los aspectos que influyen en cualquier fenómeno, ni tendría vida suficiente para describirlos: Él sólo puede decirnos lo que él ve.

 

Sin embargo, lo verdaderamente importante, lo esencial, nos diría Saint Exupéry, no es necesariamente lo que está ante nuestros ojos. Por supuesto, lo que puede ser visto y cuantificado es, sí, una parte de la realidad, que llegará a ser conocida por cualquiera que cuente con los instrumentos necesarios; Pero lo esencial del conocimiento proviene de la elección e interpretación que el observador hace de los datos que sus sentidos o sus instrumentos recogen, interpretación que estará impregnada, en mayor o menor grado, por su propia subjetividad, por sus expectativas, sus temores, sus intereses y afectos: Por su corazón.

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